jueves, 3 de septiembre de 2026

CAMPAÑA EASTWOOD/RAVENOUS. DRACULA'S AMERICA. ESPISODIO FINAL.


 

 Buenas a todos. Este fin de semana ha terminado nuestra campaña veraniega de Dracula's America. Ha sido una campaña memorable, y ya estamos deseando jugar la siguiente. Aunque eso tendrá que esperar pues en nuestra politoxicomanía frikil, hay más juegos a los que darles caña. De todas formas es muy posible que para finales de año, juguemos alguna pequeña campaña navideña. Y yo quiero subir al blog para Halloween el escenario en solitario de Mala noche en Red Rock. Pero eso ya será otra historia como se suele decir. 
 Hoy lo que os traigo no es el informe de batalla de la última partida, que de eso ya se está encargando Soter en el Troglablog. Los podéis leer aquí

 Lo que os traigo es el relato del fin de Santana y sus hombres. Soter, Joya y yo, hemos ido escribiendo relatos de nuestras bandas conforme se iban sucediendo las partidas y la campaña iba avanzando. Así no solo ha quedado un registro de la misma, sino que nos ha quedado una buena crónica, y una historia completa de las bandas participantes, por si en algún momento alguno quiere retomarlas en otra campaña o para partidas sueltas.
 Así que aquí tenéis el final de los Chamarras Coloradas, o al menos su final por ahora. Es un buen tocho, avisados estáis.


No había sido fácil llegar hasta la iglesia. Los malditos engendros de la banda de Silver Joe y los puñeteros cultistas habían hecho todo lo posible por impedirlo. Las balas silbaban por todos lados incluso llegando a rozarlo, los chupasangres se abalanzaban sobre el para frenarlo, incluso habían invocado auténticos demonios del más allá para intentar que no llegara hasta su jefe. Pero sus hombres y el hermano Guillermo habían ido allanándole el camino de indeseables.
Por cada disparo que pasaba cerca de Santana, sus hombres abatían a uno de ellos. Por cada vampiro que intentaba acercarse, sus hombres lo llenaban de plomo, por cada demonio que traían del infierno, el rifle para búfalos de Miguel le metía dos balazos de plata que había bendecido el hermano Guillermo. Desde luego estaba muy orgulloso de sus compadres, siempre habían sido una buena banda, pero ahora mismo parecían un puto ejército, adiestrados y con una misión en mente. Y nada iba a pararlos ahora que estaban tan cerca que conseguir su objetivo.




La banda de vampiros de Silver Joe, avanzan salen a las calles de Ravenous en cuanto detectan la presencia de Santana

Anna y el culto de las 7 estrellas empiezan a invocar demonios para lanzar contra los Chamarras.

Pero estos los reciben con balazos de plata..

Y con todo lo que sea necesario para evitar que sus enemigos impidan a Santana llegar a su destino.

 Incluso la banda de negros a los que se habían enfrentado hacía unos días por la segunda parte del artefacto y a los que habían despachado sin demasiados problemas, acabaron siendo de ayuda al aparecer en medio de la refriega y liarse a tiros con los “hombres” de Silver Joe.
 Y finalmente mientras los últimos estertores del tiroteo seguían en el exterior, Santana entró en la iglesia acompañado de Tuco, Indio y el hermano Guillermo.

          

El espíritu Loa que había poseído a uno de los esclavos, intentó frenar a Silver Joe

Los negros fugados se atrincheran tras el hotel para contener a los vampiros, invocando a un Bakka del pantano para que les ayude.


Mención especial a este médico que habían contratado los miembros de la congregación. No se cual era su nombre, pera desde luego tenía que apellidarse Van Helsing como poco. Aguantó 3 turnos de combate contra dos vampiros neonatos y un vampiro anciano. Y como recompensa un miembro de la propia banda que lo había contratado, que había sucumbido al influjo de los vampiros, le pegó un tiro por la espalda y lo mató.

Santana, el hermano Guillermo, Indio y Tuco, llegan a la iglesia maldita.

 El recinto estaba prácticamente a oscuras salvo por la tenue luz de unas velas. Al fondo de la capilla y tras el antiguo altar, ahora profanado con símbolos arcanos y cuencos llenos de sangre se encontraba ese maldito ser, Gerome de Montargis.
 -
Veo que finalmente has conseguido llegar. No esperaba menos de uno de mis hijos. El anciano vampiro siseó las palabras más que pronunciarlas.

 - ¿Tu hijo? Yo no soy nada tuyo salvo aquel que te va a mandar de vuelta al infierno.
Le escupió Santana con desprecio.

-
Ohhh querido mio, no te conviene hacer eso. Primeramente, porque no eres rival para mí. Y segundo porque en el improbable caso de que tu dios al que tanto adoras se dignara a bajar aquí y te ayudara a acabar conmigo, tú me acompañarías a la tumba.

-Se de sobra lo que me espera tras tu muerte maldito engendro, pero eso no te va a proteger de mí.

- ¿Protegerme de ti? No eres más que un pequeño gusano insignificante. Una marioneta con la que me divierto jugando. Y ya me está cansando este juego.
El vampiro se elevó por encima del altar y se posó sobre este en una pose desafiante.


Santana y sus compadres frente a Gerome de Montargis.

Los Chamarras se lanzaron hacia el gritando y disparando con todas sus armas, pero las balas parecían no hacerle nada. Las que no rebotaban directamente, apenas le hacían una pequeña herida que se cerraba al instante. El vampiro se lanzó contra ellos y con el primer manotazo lanzó por los aires a Indio contra una pared. Tuco descargó sus pistolas contra el costado del vampiro que simplemente le lanzó un banco de la iglesia sin siquiera mirarlo, como el que lanza un pequeño guijarro.
 El hermano Guillermo le disparó a bocajarro su escopeta con postas remojadas con agua bendita. Esta vez los disparo si parecieron hacer efecto y dos grandes heridas se abrieron en el pecho de la criatura humeando y siseando mientras esta gritaba, más de rabia que de dolor.
 Cuando Gerome se giró hacia él, Guillermo enarboló frente al vampiro un enorme crucifijo de madera y plata.

- Atrás maldito engredo del demonio. Vuelve al infierno del que nunca deberías haber salido.
- Jajajaja ¿de verdad crees que tus estúpidos símbolos tienen suficiente poder contra mi?
El vampiro agarró el crucifijo por la intersección del mismo y a pesar de que la piel de su mano siseaba quemándose, su rostro ni se inmutó.

 - ¿Esto es todo lo que tenéis contra mi pobres infelices?

 - Ahora Santana ahora.
Le gritó el hermano Guillermo.

En esos momentos Santana sacó de su chaqueta un extraño orbe de oro brillante y se lo lanzó al vampiro.
 Gerome lo atrapó en el aire con su mano libre con un ademán de hastío y desdén, pero la expresión de su rostro cambió en el acto cuando su mano tocó el orbe.
  Aquella cosa empezó a emitir una especie de humo verde que iba hacia el y parecía arrancarle la fuerza vital. Tuvo que usar todas sus fuerzas para apartar el artefacto todo lo posible de si, mientras a su vez mantenía alejado de si también el gran crucifijo que ahora parecía tener mucho más poder y le quemaba la mano con un dolor atroz que no sentía hacía siglos. Era como si los dos objetos se hicieran más fuertes el uno al otro estando juntos e intentaban acercarse cada vez más a él. El vampiro usó todo su poder para separar ambos objetos quedando con los brazos en cruz, momento en el cual vio a Santana caer de un salto sobre el con una pata de los bancos con el borde afilado en la mano. Su rostro palideció aún más al ver que no podía moverse sin que el orbe y el crucifijo lo atraparan, y ese segundo de indecisión fue suficiente para que Santana le atravesara el pecho con la improvisada estaca.
 Los dos rivales quedaron unidos en un mortal abrazo y el líder de los Chamarras le susurró a su progenitor vampírico al oído:

- ¿Esa no la viste venir eh pendejo?

 El estridente grito agónico de Gerome resonó en todo Ravenous, y los miembros de la banda de Silver Joe que aún quedaban en pie cayeron al suelo en el acto como muñecas de trapo. Los cultistas viendo la situación optaron por retirase también, por lo que el resto de los Chamarras se dirigió a la iglesia de inmediato.
 Cuando entraron, el espectáculo que presenciaron era a la misma vez horrible pero impresionante. La criatura estaba de rodillas frente a Santana que ahora sostenía tanto el orbe como el crucifijo, a los que estaban también ligadas las manos del anciano vampiro, ambos envueltos en una intensa luz verde que manaba de la boca y ojos de la criatura y parecían ser absorbidos por la reliquia.  A su lado el hermano Guillermo entonaba salmos en una especie de exorcismo, y exhortaba al vampiro a volver al infierno. En un lateral de la Iglesia Tuco ayudaba a Indio a incorporarse. Todos se quedaron observando la escena atónitos, hasta que de repente una explosión de luz verde los hizo apartar la mirada. Cuando el cegador resplandor cesó, pudieron ver como Gerome de Montargis se deshacía en cenizas.
 En ese momento Santana le dio el orbe de Yucatán al monje que lo guardó en un pequeño saco con cruces, y cayó de rodillas apoyado en el gran crucifijo. Tuco y Fray Guillermo se apresuraron a sujetarlo.

- Bueno carnales, ha llegado mi hora. Dijo Santana con una voz que era apenas un susurro.

- Yo te absuelvo de todos tus pecados hijo mío. Nuestro señor tendrá en cuenta tu sacrificio no lo dudes.
El hermano Guillermo trababa de confortar a Santana en sus últimos momentos.

- Naaaah padrecito. Todos sabemos que mi alma estaba condenada hace ya mucho tiempo. Ahora responderé antes el altísimo por mis pecados. Pero al menos he hecho una cosa buena en mi miserable vida, y hemos librado al mundo de este mal.
 Tuco, Miguel, si seguís todos unidos, os pediría que no os metierais en muchos líos. Aunque se que es pedir un imposible jajaj Cof cof.
La risa se la atragantó a Santana y luchó por respirar unos últimos sorbos de vida.

 Tuco se acercó a su Jefe. Y le dijo bien fuerte para que todos lo oyeran:
 
- Esta siempre será la banda de Santana. Y seguiremos cazando a estas criaturas. No permitiremos que esto le pase a nadie más, JEFE. Todos asintieron con gesto firme.
  Santana esbozó una sonrisa y cerró los ojos por última vez.



 3 MESES DESPUES.

La cantina de Sawyer. El lugar favorito de reunión de los Chamaras Coloradas.


  El hermano Guillermo, Miguel y Tuco, estaban sentados en la mesa central de la cantina de Sawyer, al fondo en otra mesa, estaban el resto de los Chamarras bebiendo, pero mucho más en silencio de lo que cabría esperar de un grupo de mexicanos armados hasta los dientes.
 Las puertas batientes del local se abrieron para dar paso a dos forasteros con gabardinas negras y rostros serios como una tumba.

  - ¡Hermanos bienvenidos! Por aquí por favor, sentaos. El monje se había levantado rápido para recibir a los dos recién llegados.


 - Os presento a los hermanos Jeremiah y Jacob de la Orden del Crespúsculo.
 - Silencio Fraile, no pronuncies el nombre de la orden en alto. Nunca sabes quien puede estar ecuchando. Le ordenó uno de los forasteros a Fray Guillermo.

 - Vuelve a hablarle así a nuestro querido padrecito, y te comes tus propios dientes pinche gringo. Sentenció Tuco con ambas manos en sus revólveres y una mirada asesina.

- Tranquilos, tranquilos hermanos, todos estamos aquí por un buen motivo y estamos todos en el mismo bando. Dijo Guillermo tratando de apaciguar los ánimos.

- ¿De verdad crees que estos “delincuentes” pueden llegar a formar parte de nuestra orden?
- El pasado de cada uno, es indiferente mientras tenga clara cual es la misión que nos atañe a todos, y sus lealtades están bien claras.
 Además, no serán los primeros en la Orden que tengan un pasado no demasiado limpio ¿No es así hermano Jacob?
Preguntó con tono irónico el monje.

 El interpelado, el único de los dos que no había articulado palabra hasta ahora, simplemente esgrimió una mueca de desagrado y contestó al hermano Guillermo:

- Mientras puedan pasar el entrenamiento y hacer el juramento antes los pretores de la orden, yo no veo inconveniente.
 El que puso un gesto de disgusto esta vez fue el Hermano Jeremiah.

- ¿Pasar el entrenamiento? Estos “delincuentes” han acabado con más vampiros y criaturas infernales en los últimos meses de los que todos los miembros de la orden establecidos en la zona de los 3 estados han conseguido eliminar en años. Quizás deberían ser ellos los que os instruyan a vosotros. El monje esta vez usó un tono serio y firme, dejando claro que esto no era un chascarrillo.

- Podéis aceptar nuestra ayuda, o iros por donde habéis venido.
Sentenció Fray Guillermo.

- ¿Vuestra ayuda? ¿Hablas como si fueras parte de su banda?

- Porque lo soy. Mi destino quedó ligado al de todos ellos cuando le hicimos el juramento a Santana de acabar con estas criaturas. Si no los queréis en la orden, yo me iré con ellos y seguiremos combatiendo a los esbirros de Drácula por nuestra cuenta.

Los dos cruzados se miraron y asintieron. Se levantaron y Jacob les dijo antes de irse.
- Dentro de 3 días, en el peñón del coyote. Os llevaremos a ver al pretor del estado. Tu respondes por ellos hermano Guillermo.

- Por supuesto que sí.
Contestó el monje.



Los dos forasteros abandonaron en local. Y los Chamarras se agruparon todos entorno al Hermano Guillermo.
- ¿De verdad los necesitamos padrecito?  Preguntó Indio. - Por ahora nos ha ido bien solos.

- Tanto como ellos a nosotros. No te quepa la menor duda Indio. Esta guerra va a ser larga y todos los que luchamos contra este mal necesitaremos estar unidos si queremos tener alguna posibilidad.
 Bienvenidos a la Sagrada Orden del Crepúsculo Hermanos.


 Y hasta aquí han llegado las andanzas de Santana y sus Chamarras Coloradas. Espero que hayáis disfrutado leyéndolas, al menos un poquito de lo que yo he disfrutado jugándolas. En los siguientes meses tendréis más entradas sobre juegos de temática Western y sobre escenografía para estos juegos.  Un saludo, y que vuestros revólveres nunca se queden sin balas. Os leemos en los comentarios.



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